Tómate un café…. o no

La cafeína inhibe efecto analgésico de la acupuntura

La cafeína puede inhibir el efecto analgésico de la acupuntura, de acuerdo con estudios en animales llevados a cabo en Brasil.

Ratones sometidos a cirugía fueron tratados con la acupuntura manual y electro-acupuntura en el punto de acupuntura Sanyinjiao- 6B tras la administración de dosis altas o prolongadas de cafeína. Los investigadores encontraron que la pre-administración alta de cafeína invierte completamente el efecto inducido por la acupuntura analgésica (AA) para ambos tipos de acupuntura.

Los investigadores también utilizaron dosis que imitaban el consumo medio diario de cafeína en ambos países occidentales y China. La dosis occidental de cafeína (70 mg / kg / día) administrada durante ocho días en el agua potable invirtió la AA, mientras que la dosis de China (4 mg / kg / día), administrada por el mismo período, no lo hizo.

Los autores sugieren que los niveles de ingesta de cafeína podría ser un factor de confusión en el contexto de la investigación de la acupuntura humana.

Fuente: Laboratório de Neurobiologia da Dor e Inflamação, Departamento de Ciências Fisiológicas, Centro de Ciências Biológicas, Universidade Federal de Santa Catarina , Florianópolis, Brasil

El pensamiento ecológico en la Tradición China

He aquí lo que usted puede hacer: suprimir al hombre y salvaguardar el medio ambiente, o suprimir el medio ambiente y salvaguardar al hombre. Puede suprimir juntos al hombre y al medio ambiente, o puede proteger juntos al hombre y al medio ambiente”.

 Así resumió el maestro budista Ch’an Lin Zi en el siglo IX, de modo admirablemente conciso, los diferentes tipos de relaciones posibles entre el hombre y la naturaleza, que hoy constituyen el nudo del debate sobre la ecología.

Para saber cuál de estas aserciones es la más justa, hay que comprender primero:

¿qué es el hombre?,

¿qué es la naturaleza? 

¿qué los vincula?

                     Thich Nhat Hanh (un maestro Zen nacido en Vietnam en1926) dijo que                                     esta hoja de papel  está hecha totalmente de elementos ‘no hoja de papel’”;             del mismo modo, el hombre está hecho totalmente de elementos “no humanos”.

El daoismo siempre tuvo por objeto reencontrar la naturaleza profunda de las cosas; por ejemplo, para transmitirle a su discípulo la esencia de su enseñanza, un monje cogió una simple flor y se la mostró. Observar profundamente un objeto hasta ver allí toda la creación, así como descubrir la temporalidad de los fenómenos y sus vínculos de causa y efecto, son los fundamentos de una ecología verdadera y espiritual.

La medicina china, una “Eco-medicina”

Impregnada de daoísmo y budismo, la Medicina Tradicional China ve al ser humano como un sistema que vive al ritmo del universo que lo rodea. Su vida se ajusta a las cuatro estaciones; es el reflejo y el juego de los mecanismos de la naturaleza a la cual pertenece y no puede sustraerse.

Mientras tendemos a considerar que nuestra vida nos pertenece, la Tradición china enseña que “la vida no nos pertenece, somos nosotros quienes le pertenecemos”.

Alimentado por los cinco climas del Cielo y los cinco sabores de la Tierra, el hombre forma parte íntegramente de la naturaleza. No sólo le pertenece, sino que le corresponde.

La medicina tradicional china suele presentar al ser humano como un ecosistema en miniatura, o mejor llamado un MICROCOSMOS. Subraya la semejanza que presenta su organismo con el de la naturaleza: protuberancias óseas como relieves montañosos, sistema piloso como bosques, sistema venoso como ríos. O aún las emociones se presentan como climas: la alegría, comparable al buen tiempo; la tristeza, a la lluvia, etc.

En esta visión, la noción del cuadro clínico toma un sentido profundo en la medicina tradicional china. Algunos ven en aquellas analogías una dimensión poética, sin vínculos verdaderos con la ciencia o con la medicina. Pero, si se observa un poco más de cerca, no es menos verdad que somos ante todo criaturas suspendidas entre el Cielo y la Tierra, a la que debemos en cada segundo nuestra respiración y nuestra sangre.

Entonces, no es solo poesía, sino un básico sentido común en la visión Tradicional china del ser humano.

Este postulado es común a otras numerosas etno-medicinas, particularmente la de los Amerindios, que consideran que el hombre forma parte de la Tierra de manera total, como la Tierra forma parte del hombre. Si los hombres están en la imagen de la naturaleza y se alimentan de ella, es porque la naturaleza también es un ser vivo.

Un ser con su calor interno, sus sustancias minerales, sus corrientes electromagnéticas, sus líquidos y sus gases orgánicos. Un ser que, como nosotros, transpira, tirita y conoce fases eruptivas. Nuestra vida se alimenta de su vida, nuestra respiración de su soplo, nuestra sangre de su sangre. Vivimos sobre la Tierra como un niño vive prendido al seno de su madre, en interdependencia total con ella.

 

Cuando se mira la vida desde este punto de vista –el de nuestra madre portadora–, diversas cuestiones toman un nuevo sentido, como por ejemplo la medicina en relación con el medioambiente. ¿Es posible ocuparse de un feto sin ocuparse también de su madre? ¿Cómo ayudar al primero sin perjudicar al segundo? ¿Cómo asistir a los hombres en el respeto a la naturaleza que les dio vida y los volverá a acoger?

Si somos hijos de la Tierra y hermanos de otros seres vivos, ¿podemos declararnos a favor de masacrar los últimos tigres para aliviar algún reumatismo? ¿Podemos aceptar que una industria envenene todo un río con el  pretexto de fabricar una medicina? ¿O sustituir la naturaleza en su selección natural a riesgo de crear enfermedades nuevas y terribles?

El Cosmos y nuestro Microcosmos

Aprendiendo de los antiguos chinos

sobre nuestro cuerpos y los cambios estacionales

El sol da energía a todos los seres de la tierra, y el sistema cósmico que gira alrededor de él regula nuestros patrones de vida en un nivel fundamental. Crea el día y la noche y las cuatro estaciones. A una escala pequeña, divide nuestro tiempo en horas, minutos y segundos. En una escala más grande, teje el entramado de nuestras vidas.

Según el primer libro medicinal completo de la historia china, “El Canon de Medicina Interna del Emperador Amarillo (Huang Di Neijing)”, escrito por eruditos entre los años 475 a. C y 220 d. C., hay 365 puntos de acupuntura en los canales del cuerpo humano, reflejando el número de días en el año solar.

El Canon de Medicina Interna es el texto antiguo más importante de la medicina tradicional china, así como un libro principal de la teoría y filosofía de vida del Daoísmo.

La cultura y medicina tradicional china están basadas en vivir en armonía con el universo y el medio ambiente. Los antiguos desarrollaron un sistema calendárico basado en el movimiento de la luna y en línea con las estaciones. Contiene 24 períodos solares, cada uno llamado término solar, que dura alrededor de 15 días.

En el cuerpo humano, tenemos 24 costillas, 24 huesos vertebrales, y 24 articulaciones para nuestros miembros, como una suerte de misterioso código corporal. Según el Canon de Medicina Interna, el hombre es un microcosmos que refleja el macrocosmos más extenso. Los principios de yin y yang, los cinco elementos y los factores ambientales del viento, la humedad, el calor, el frío y otros, que son parte del macrocosmos, se aplican igualmente al microcosmos humano.

El fin del año solar y el comienzo de uno nuevo es conocido como el Solsticio de Invierno, y en ese día, la luz solar es la más corta del año. Luego de este día, la luz solar se hace continuamente más fuerte, y del mismo modo, la energía yang dentro de nuestros cuerpos comienza a reponerse.

Las teorías de la medicina tradicional china describen que hay canales de energía circulando dentro de nuestros cuerpos que reflejan los movimientos solares, accionan todas las funciones y unen a todos los órganos del cuerpo. Conocemos las estrellas en el cielo pero no podemos ver el patrón en que se mueven. Del mismo modo, podemos ser capaces de ubicar y sentir intuitivamente la existencia de estos puntos de energía en nuestros cuerpos cuando son señalados, pero no podemos ver los patrones en nuestros cuerpos.

Una de las dos partes del Canon de Medicina Interna, el “Ling Shu Jing”· (también conocido como el Eje Divino, el Eje Espiritual o el Eje Numinoso) explica cómo las enfermedades entran en el cuerpo y cómo tratar y prevenir enfermedades. Sostiene que cuando los canales de energía circulan fluidamente, una persona es considerada saludable, tanto mental como físicamente. Cuando los canales de energía se bloquean, el cuerpo experimenta enfermedad o torpeza en su funcionamiento.

Los practicantes de la medicina tradicional china explican que nuestros cuerpos atraviesan un patrón cíclico anual, y que nuestros 365 puntos de acupuntura se abren y cierran correspondientemente con la rotación del cosmos. Si podemos aprender las cuestiones básicas de esta sabiduría antigua, viviendo con la naturaleza en vez de en contra de ella, podemos hacer el mejor uso de las oportunidades para mejorar nuestro bienestar con el menor esfuerzo.

Lo que, es más, según el Canon de Medicina Interna, estos puntos y propiedades también afectan la personalidad y los talentos de uno. Un principio que opera similarmente se encuentra en la astrología. Se cree que las personas nacidas en el mismo período comparten cualidades comunes, a pesar de que sean de diferentes familias, vivan en distintos lugares y compartan diferentes genes y constitución física. Desde el momento en que el cuerpo de una persona crece dentro del vientre materno hasta el momento en que nace, también hay cambios en los movimientos de las estrellas y planetas.

¿Podrían éstos mostrar alguna correspondencia con los puntos en el cuerpo humano?

La medicina china piensa que sí. Se dice que, a lo largo de sus vidas, aquellos que nacen alrededor de la misma época absorben la energía de ciertas estrellas, y que estos puntos y canales, o sea la energía dentro de cada persona, pueden mostrar un patrón similar. Estos patrones pueden manifestarse como ser bueno en los deportes, en las artes, o en la lógica o en tener cualidades como gentileza, paciencia y debilidad o fuerza en ciertos órganos.

Cabe destacar que alrededor de la Dinastía Shang, desde alrededor del 1600 a.C. hasta el 1046 a.C., el antiguo pueblo chino estableció un calendario basado en cuatro grandes términos solares, que luego fue formalizado y expandido a 24 términos en la Dinastía Han, 202 a.C. a 220 d.C.

El Canon de la Medicina Interna cuenta que hubo un tiempo en que las personas que seguían el curso natural vivían un promedio de 100 a 120 años, y eran aún muy saludables y activas. Como un avión volando en el cielo o un bote navegando a través del océano, funcionar acorde al flujo natural es más fácil que ir en contra de él.

 

MÚSICA y SALUD

El efecto curativo de las

‘CINCO NOTAS MUSICALES’

 

La medicina tradicional china explica que la circulación normal de la energía a través de los canales de energía en el cuerpo humano es esencial para la vida saludable de la persona.

Si bien todos los órganos internos influyen en la circulación, es el corazón el que domina los cambios globales de los órganos internos, ya que es el motor de la circulación de la energía y de la vida.

El corazón se mueve por las emociones, así que para tener buena salud es extremadamente importante tener un buen estado mental y espiritual.

La música es capaz de ajustar el propio estado mental, de iniciar procesos de pensamiento, regular el corazón e incrementar el metabolismo; en otras palabras, la música virtuosa puede generar en la persona un estado psicológico bueno y positivo, y afectar el cuerpo entero. Pero existen conexiones aún más detalladas entre la música y el cuerpo humano.

Los antiguos sostenían que las cinco notas musicales de la escala musical china tienen una relación de correspondencia con los cinco órganos sensoriales –oídos, ojos, labios, nariz y lengua–, con los cinco órganos internos y con los cinco elementos.

De acuerdo con la antigua teoría de los Cinco Elementos, ‘fuego’, ‘tierra’, ‘metal’, ‘agua’ y ‘madera’ constituyen todas las cosas y la materia en el universo, incluido el cuerpo humano. Cuando el cuerpo humano muestra síntomas de enfermedad, es porque los cinco elementos han perdido su equilibrio.

El sonido existe como un campo físico y también está compuesto de los cinco elementos. Diferentes melodías musicales se componen de diferentes substancias concretas. De allí que la música tradicional o clásica auténtica puede tener un efecto curativo en los respectivos órganos internos según la nota musical preponderante.

Por ejemplo, si uno tiene problemas en el bazo, esto quiere decir que el cuerpo tiene desequilibrado el elemento tierra, y el tratamiento –o complemento de un tratamiento médico– sería escuchar música bella y virtuosa (desde la perspectiva de la sabiduría tradicional china) compuesta primordialmente de la nota “do”, que corresponde al elemento tierra.

La música tradicional china se basa en el antiguo sistema pentatónico (escala de cinco tonos), y sus cinco tonos se llaman¨:

   Kung (Do)    Shang(Re)    Chiao(Mi)      Chih (Sol)     Yue(La).

Cualquiera de esos cinco tonos puede afectar los órganos internos del ser humano y actuar como un mecanismo regulador.

Cada persona es diferente, y los órganos internos, asimismo, difieren en todas las personas, por eso cada uno percibe la música de diferentes maneras. Así que, a partir de los cinco tonos básicos, cada uno puede detectar diferentes influencias propias del cuerpo de uno. No obstante, existen patrones generales.

Por ejemplo, las melodías basadas en Kung (nota Do) son nobles, están relacionadas con la Tierra e influyen en el bazo. Al escuchar tal música, siempre que ésta tenga un carácter moderado y armónico, uno frecuentemente se vuelve amable y tolerante.

Las melodías Shang (Re) son pesadas como el metal, inflexibles. Esta música influye en los pulmones. Al oírla, frecuentemente aflora la naturaleza recta y tenaz.

La música basada en Chiao (Mi) anuncia la llegada de la primavera y hace brotar la vida. Este tipo de música influye en el hígado, y escucharla produce estados de amabilidad y conciliación.

La música Chih (Sol) es sumamente emocional, como el fuego. Influye en el corazón, y escucharla aflora la generosidad.

Las melodías basadas en Yue (La) son melancólicas, como agua que fluye plácidamente. Influyen en los riñones, y escucharlas nos equilibran mentalmente, tal como dicen los antiguos dichos chinos: “triste pero no herido” y “contento pero no en exceso”.

Sea cual sea la emoción que exprese la música, si se lleva a un extremo, puede perjudicar al cuerpo y al flujo de la energía qi.

 

EQUILIBRIO

Consejos de la cultura china para equilibrar tu cuerpo con la comida

Los chinos dan mucha importancia a los alimentos que una persona puede comer y a la forma en que los alimentos deben ser consumidos. El cuerpo se considera como una extensión del universo, y en consecuencia, lo que se puede y debe comer se basa en gran parte en mantener el equilibrio entre el cuerpo y el universo.

Por lo tanto, lo que se come durante un tiempo dado, y cómo se prepara la comida, es una parte importante de la cultura china.

Históricamente, la comida china ha estado estrechamente ligada a la medicina, ya que todo lo que entra en el cuerpo humano puede alimentarlo o dañarlo. Los primeros textos médicos chinos catalogaron cientos de ingredientes, junto con los efectos que pueden tener sobre el cuerpo humano.

En el texto clásico de la Medicina Interna del Emperador Amarillo  (黄帝内经, Huang Di Nei Jing), la comida está separada por su naturaleza y características, y se hacen recomendaciones para los tipos de alimentos que uno puede comer por diferentes condiciones de salud y durante las diferentes estaciones, o climas.

 Cocina medicinal

Un aspecto importante de la cocina china es el equilibrio del yin y el yang.

Se cree que cuando el cuerpo pierde este equilibrio, la persona se enferma. Para evitar esto, hay que prestar atención a comer los tipos adecuados de alimentos en las estaciones correctas.

Si la enfermedad ataca, los alimentos pueden ser utilizados para reponer lo que falta para devolver al cuerpo su equilibrio.

El equilibrio se altera fácilmente cuando el clima cambia. Por lo tanto, los alimentos con alto contenido de yang se deben comer en el invierno, cuando el frío hace que los niveles yin aumenten en el cuerpo. En tanto los alimentos con alto contenido de yin deben consumirse en verano, cuando hay demasiado yang en el cuerpo.

Además de la caracterización de yin yang, los alimentos también pueden ser clasificados según el sabor. Agrio, dulce, amargo, picante, salado, y constituyen los cinco sabores principales de los alimentos.

Una comida saludable incluye una mezcla de alimentos de carácter yin y yang y debe contener cada uno de los cinco sabores. Por eso, en platos salteados chinos, suele haber una mezcla de amargo y dulce o picante y salado.

Puesto que es importante mantener el equilibrio, la persona no debe comer demasiado de cualquier tipo de alimento. Uno debe comer de todo un poco, ya que el cuerpo necesita una cantidad moderada de todos los diferentes tipos de alimentos para estar saludables.

La enfermedad suele ser causada por demasiado yin o demasiado yang en el cuerpo. Por lo tanto, cuando las personas se enferman, deben tener cuidado de comer el tipo de comida que repone el yin o yang que le falta.

La naturaleza produce los tipos adecuados de alimentos para cada temporada, así que comer lo que está en cosecha es preferible. Aunque hay muchos tipos diferentes de alimentos que se pueden comer en cada época, aquí son sólo unos pocos ejemplos:

En la primavera, la vida pasa por el crecimiento y la renovación. Por lo tanto, uno debe comer más yang que coincida con la temporada de crecimiento. Verduras frescas, hojas y brotes son muy buenas para esta época.

La primavera es también el momento de deshacerse de las grasas almacenadas y empezar a salir de la hibernación del invierno. Es importante comer menos carne y más verduras. Jugos de ciruelas ácidas y vinagres diferentes también son buenos durante este tiempo.

En el verano, el yang es muy alto por lo que se necesita enfriar el cuerpo bajándolo con más yin. Los tomates y los pepinos son altos en yin y maduran durante este tiempo, por lo que es preferible comer estos vegetales.

El otoño es una época en la que todo empieza a decaer o morir y avanza hacia la hibernación. Es un momento importante de transición en el que se retira el yin y el yang en el cuerpo. Uno debe comer alimentos calientes, como la calabaza, para ayudar a mantener el cuerpo a través de este período de transición.

El invierno es una época de hibernación. Es importante en este momento mantener el yang en el cuerpo y expulsar el exceso de yin. Durante el invierno, comer sopa caliente con verduras y carne y tubérculos es bueno para el cuerpo.

La cocina china considera el cuerpo como un todo, y todo lo que se come es considerado por sus propiedades medicinales. Con este punto de vista holístico, el equilibrio es muy importante y una persona tiene que ser consciente de los cambios estacionales a fin de mantener un equilibrio entre el yin y el yang en el cuerpo.

Uno nunca debe ir en exceso y debe ser selectivo sobre qué tipos de alimentos va a comer, ya que esto causa un desequilibrio en el flujo de energía en el cuerpo y causa enfermedades.

La naturaleza es inteligente y ofrece lo que se necesita en cada período, por lo que comer lo que está de temporada es una buena manera de mantener la salud y el equilibrio en el cuerpo.

 

UNA NOTA FRÍA…

Congelar – descongelar – congelar: por qué no debe hacerlo

Todos sabemos que no se puede congelar de nuevo un alimento que ya ha sido descongelado. La industria alimentaria está obligada a indicar en los envases que un producto es descongelado, lo que sirve al consumidor para saber que no debe volver a congelarlo. Pero, ¿por qué es así exactamente?

Cuando pregunto a gente cercana veo que han adquirido este hábito, pero sin comprender su fundamento… casi como una superstición.

Ahora bien, hay ciertos casos en los que entender esta regla le ayudará a tomar las decisiones más apropiadas para su salud, ya que comprenderá a qué se arriesga realmente.

Comprender la relación de las bacterias con el frío

Generalmente el frío frena la multiplicación de las bacterias. Sin embargo, ciertos bacilos resistentes, aquellos del tipo “gram+”, poseen una pared gruesa que les permite sobrevivir a -18° C. Otras bacterias, las del tipo “gram-”, cuentan con una pared más frágil y por ello son diezmadas por efecto del frío.

Así, en el momento del descongelado, las bacterias “gram+” tienen menos colonias competidoras y por ello pueden multiplicarse de una forma mucho más rápida que antes, sobre todo si el alimento ha sido congelado mediante un proceso de congelación lenta (y no mediante una técnica industrial que consiste en enfriar drásticamente el alimento hasta los -35° C mediante un conjunto de procesos, a veces en sólo unos minutos).

Recuerde que el congelado de los alimentos permite que se formen en ellos grandes cristales que perforan las células y desnaturalizan la comida (alteran su sabor y su color). De este modo, en el momento en que se descongelan los alimentos el contenido de las células perforadas forma un líquido muy rico en nutrientes del que se benefician las bacterias “gram+”, que dejan de tener que destruir las paredes de las células para alimentarse. Esta abundancia de nutrientes les permite multiplicarse todavía más rápido, hasta ocuparlo todo.

El descongelado empieza por fuera

El descongelado empieza por el exterior del alimento y va acercándose poco a poco a las capas interiores.

Las bacterias presentes en la superficie de un bistéc se descongelan en apenas 15 minutos. Pero hacen falta al menos tres horas para que el centro de ese trozo de carne alcance los 20° C. En ese tiempo, las bacterias de la parte externa tienen tiempo suficiente como para multiplicarse varias veces; ¡pueden llegar a ser hasta 16 veces más numerosas que antes del descongelado!

Si en ese momento vuelve a congelar el bistéc, el frío no será capaz de matar a ese nuevo “ejército” de bacterias “gram+” ultrarresistentes, que esperarán a volver a ser descongeladas para retomar la colonización a gran velocidad.

Cuanto más numerosas sean las bacterias, más toxinas liberarán y por tanto mayor será el riesgo de indigestión. Además, las bacterias son capaces de pudrir la comida porque ésta está ya desnaturalizada por el proceso de congelación lenta.

Por lo tanto, ya se imagina cómo podría acabar su bistéc después de un segundo congelado: ¡verde e infecto!

¿Congelar las verduras?

Congelar los alimentos es una buena solución para planificar la compra y las comidas pero, como hemos visto más arriba, es un proceso que desnaturaliza los alimentos. En algunos casos, la pérdida de nutrientes es tan notable que nos obliga a preguntarnos si realmente merece la pena conservar esos alimentos en el congelador.

Eso es lo que ocurre con las verduras, que pierden gran parte de su aporte en antioxidantes al ser congeladas. Y, aunque la pérdida es más notable en unas que en otras, es importante tener siempre en cuenta este empobrecimiento nutritivo.

Por ejemplo, en el congelador el brócoli pierde hasta un 15% de sus propiedades antioxidantes, las acelgas un 20%, las judías verdes un 23% y los guisantes un 26%. Y el paso del tiempo es otro factor negativo añadido: cuanto más tiempo se mantienen las verduras en el congelador, más se empobrecen.

Por lo tanto, lo ideal es comer las verduras (orgánicas, a ser posible) maduras y frescas, para tener garantizado su valor nutricional máximo. Si necesita conservarlas durante algunas semanas, puede meterlas en el congelador, pero recuerde que cuánto más tiempo pasen congeladas, más se empobrecerán; ¡no se olvide de ellas y úselas cuanto antes!

EL FACTOR SUERTE DEL CÁNCER

Un estudio cuantifica por primera vez que el 65% del riesgo de cáncer se debe al azar.

 

En uno de sus cuentos, Jorge Luis Borges inventó la lotería de Babilonia, controlada por una organización cada vez más secreta y poderosa que acaba dominando las vidas de todos los habitantes. El premio en algunos casos era la muerte y la lotería, una variante del destino. “Babilonia no es otra cosa que un infinito juego de azares”, escribió el argentino.

En el mundo real, el cáncer es también un infinito juego de azares. Gran parte de los tumores conocidos no se deben a factores externos y evitables, como fumar, ni a razones hereditarias escritas en los genes, sino también al puro azar. Ahora, un estudio ha cuantificado cuánto pesa ese factor suerte en el cáncer. Sus resultados, publicado por a revista SCIENCE, confirman que la “mala suerte” explica dos tercios de todo el riesgo de cáncer en un tejido mientras que las variables genéticas y ambientales explican otro tercio.

La mala suerte se debe a “mutaciones aleatorias que suceden durante la división normal de las células madre cuando estas se producen en genes que intervienen en el desarrollo del cáncer”, explica el estadístico y matemático de la Universidad Johns Hopkins (EE UU) Cristian Tomasetti, coautor del trabajo. “Posiblemente esto no contradice lo que ya se pensaba, pero es la primera vez que se mide la contribución de esa mala suerte, y resulta que juega un papel más importante del que se creía”, argumenta.

En el cuerpo hay tejidos que tienen millones de veces más probabilidades que otros de desarrollar un tumor. Ni los factores externos ni los genéticos podían explicar toda esa diferencia, por ejemplo, por qué los tumores de pulmón son mucho más frecuentes que los de hueso incluso en no fumadores. El trabajo cuantifica ahora el papel de la otra gran pieza del puzzle: las células madre. Cada vez que una célula madre se divide para generar otra, su ADN se copia y en ese proceso suceden erratas que, acumuladas, explican gran parte de los tumores. Junto a su compañero Bert Vogelstein, oncólogo de la Johns Hopkins y Premio Príncipe de Asturias de las ciencias en 2004, Tomasetti ha calculado cuántas divisiones celulares hay en 31 tejidos del cuerpo a lo largo de toda una vida y ha demostrado que ese número está fuertemente correlacionado con el riesgo de sufrir un tumor en esos tejidos. Cuantas más divisiones, más riesgo. En total, en torno al 65% de los tumores se explicarían por este factor suerte, según sus datos.

Un ejemplo: en el colon hay unas 150 veces más divisiones de células madre que en el duodeno, lo que explica por qué en él los tumores son hasta 30 veces más frecuentes aunque los riesgos hereditarios sean los mismos. Algo parecido sucede al comparar las células basales de la piel y los melanocitos. Ambas reciben idéntico riesgo externo en forma de radiación solar, pero las basales se dividen mucho más y por eso el carcinoma de células basales es mucho más frecuente que el melanoma.

Con sus datos estadísticos en la mano, los autores dividen los 31 tumores estudiados en dos grandes tipos. En uno figuran el cáncer de pulmón en fumadores, el cáncer de hígado en pacientes con hepatitis C y otros siete tipos en los que factores externos y los hereditarios se suman al riesgo inherente de que esos órganos desarrollen un tumor. En el otro figuran 22 tumores como el cáncer de pulmón en no fumadores, el glioblastoma, la leucemia linfocítica crónica o el c, cuya causa es primordialmente ese factor suerte basado en la división de las células madre.

El bioestadístico Tomasetti resalta dos conclusiones importantes. La primera es que, aunque hasta ahora el hecho de que una persona no tuviese cáncer a pesar de estar expuesta a compuestos cancerígenos como el humo del tabaco se atribuía a que tiene “buenos genes”, lo cierto es que en la mayoría de casos solo tuvo “buena suerte”. La segunda es que “mientras cambiar los malos hábitos es una ayuda enorme para prevenir algunos tipos de cáncer, esto no es tan efectivo para otros”. “Por eso deberíamos poner más esfuerzo de investigación y recursos en desarrollar formas de detección temprana para detectar esos otros tipos de cáncer en las primeras etapas, cuando aún son curables” concluye.

COMENTARIO DEL Dr. PADILLA

            Hoy estamos con ustedes con un carácter básicamente sanador o terapéutico, porque se trata de la aparición de un artículo francamente sobresaliente.

          La revista Science, acaba de publicar un artículo según el cual el 65% de las tumoraciones, neoformaciones o cánceres, son debidos a la mala suerte, al azar.

          Situación que nos deja un poco perplejos, aunque parece ser que esto, en alguna medida se iba barajeando o sospechando; lo cierto es que ahora se ha tabulado matemáticamente, y quedaría al menos un 35%, lo cual no es poco, -por supuesto- de neoformaciones producidas por incidencias medio ambientales y por factores genéticos.

          Parece ser que todo indica que la duplicación de las células madre, son las responsables de que aumenten las posibilidades y las probabilidades de que haya alteraciones en esa duplicación; y en consecuencia, que aparezcan variables no deseables, en este caso, tumores o neoformaciones.

          El % es tan significativamente alto que podríamos decir que las células son las responsables de una de las patologías más significativas que causan perturbaciones severas en la salud humana.

          Razón por la cual creemos que tenemos que buscar alguna explicación o sugerencias, para que esas nuevas formaciones que aparecen en la división de las células madre, se produzcan con independencia del medio y de los factores genéticos.

          Se nos ocurre -como sugerencia nada más-, que se ha hablado mucho, -aunque todavía científicamente no está demostrado-, que los factores psicológicos, los factores de personalidad, las concepciones personales, amén del estilo de vida, pueden ser los que induzcan a que hayan factores de mutación más frecuentes y más activos de los que debería de haber.

          En principio, la célula madre, célula inmortal, no debería producir tal cantidad de mutaciones como para ser responsable del 65% de los tumores.

          Nos atrevemos a pensar que cada ser humano tiene un proyecto de vida, un proyecto de ideales, de sugerencias;  de cómo afrontar sus relaciones, su emotividad, su afectividad, su sexualidad; en definitiva, cada ser tiene un modelo que trata de realizar, y trata de realizar, -sin duda- a través de toda su organogénesis, básicamente a partir de las células madre.

          Si ese proyecto ideado por cultura, trasmisiones de cualidades, medio ambiente, alimentación, etc.; si ese proyecto, ese molde, no se pone en práctica, es decir, si ese molde no alcanza a realizarse… ¿sería posible que esa no realización del proyecto vital que cada uno va construyendo diariamente, al no realizarse, el organismo diera una respuesta neo formativa, una nueva formación. El organismo reaccionara, -a través de las células madre-, dando mutaciones, que serían como avisos de referencia al sujeto para que retomara sus fantasías, sus ilusiones, sus ideales…? Y en esa medida, las mutaciones que aleatoriamente se producen en las células madre, serian muchísimo menores.

          La consecuencia de todo este criterio, que solo pretende ser una sugerencia, es que, probablemente estemos en los comienzos de poder analizar en qué medida, los sujetos que dan cauce a sus ideales y los van cumpliendo, se ven más libres de padecer tumoraciones, neoformaciones… ¿y en qué medida los seres que no dan cumplimiento a esas fantasías, a esos ideales, a esos proyectos, a esos moldes, padecen más afecciones neoformativas…?

          Por supuesto, estamos todavía muy lejos de comprobar esta situación, pero decir -como dicen los autores de este trabajo- que: “La mala suerte que puede tener cada cual, es por supuesto un asunto de azar”, nos parece todavía demasiado burdo. Perdón, no es ninguna crítica, no; pero científicamente, al no tener ninguna explicación, hay que recurrir a eso, a la mala suerte. Y a esa mala suerte, tenemos que buscarle alguna sugerencia de… ¿cómo gestar la buena suerte?

          Napoleón Bonaparte decía que… “la suerte hay que buscarla”, en alguna medida tenia razón. Y quizás, si parte de nuestra patología se  debe a la mala suerte,  busquemos el cauce adecuado para gestar nuestras idealizaciones, nuestros puntos de vista; y en esa medida, probablemente, nuestras células madre serán correligionarias de nuestro proyecto vital, y nuestro cuerpo responderá adecuadamente a ese proyecto y obviamente, no tendrá necesidad de crear mutaciones. Que en definitiva al ser mutaciones neoformativas, nos avisan de las nuevas formaciones que teníamos y que no hemos realizado.

            Puede ser tan solo una sugerencia, sin duda, y como tal la decimos para tenerla en cuenta; y seguramente puede ser de utilidad en cualquier caso, sin que esto signifique suplir, quitar, cuestionar todo lo que se sabe de la epigenética a propósito del tumor o el cáncer, de lo que se sabe de genética; no, eso está ahí, y ocupa el 35%, pero nos preocupa el 65% restante, que seguramente está también imbricado con  ese 35%.

             Pero por lo sorprendente de la noticia y por aparecer en esas publicación tan prestigiosa, es que queríamos añadir una opinión muy personal, sin duda, y que espero que sea de utilidad, para que entre todos busquemos esa buena suerte.